
Os transcribo un mail que me mandó ayer un amigo que pertenece a la Sociedad Tolkien Chilena:
Poco más se puede decir de tan buen libro escrito con maestría por el Profesor Tolkien.
— ¿Vuestra ventana no mira al este? —dijo—. Eso tiene arreglo. Por cierto que daré órdenes al
Mayoral. Si os quedáis a nuestro cuidado en esta casa, señora, y descansáis el tiempo necesario, podréis
caminar al sol en este jardín como y cuando queráis; y miraréis al este, donde ahora están todas nuestras
esperanzas. Y aquí me encontraréis a mí, que camino y espero, también mirando al este. Aliviaríais mis
penas si me hablarais, o si caminarais conmigo alguna vez.
Ella levantó entonces la cabeza y de nuevo lo miró a los ojos; y un ligero rubor le coloreó el
rostro pálido.
— ¿Cómo podría yo aliviar vuestras penas, señor? —dijo—. No deseo la compañía de los vivos.
—¿Queréis una respuesta sincera? —dijo él.
—La quiero.
—Entonces, Eowyn de Rohan, os digo que sois hermosa. En los valles de nuestras colinas crecen
flores bellas y brillantes, y muchachas aún más encantadoras; pero hasta ahora no había visto en Gondor
ni una flor ni una dama tan hermosa, ni tan triste. Tal vez nos queden pocos días antes que la oscuridad se
desplome sobre el mundo, y cuando llegue espero enfrentarla con entereza; pero si pudiera veros mientras
el sol brilla aún, me aliviaríais el corazón. Porque los dos hemos pasado bajo las alas de la Sombra, y la
misma mano nos ha salvado.
—¡ Ay, no a mí, señor! dijo ella. Sobre mí pesa todavía la Sombra. ¡No soy yo quien podría
ayudaros a curar! Soy una doncella guerrera y mi mano no es suave. Pero os agradezco que me permitáis
al menos no permanecer encerrada en mi estancia. Por la gracia del Senescal de la Ciudad podré caminar
al aire libre.


